El Atlético de Madrid vive instalado en la irregularidad. Mientras en la Copa del Rey ha firmado dos goleadas consecutivas, primero ante el Betis (0-5) y después frente al FC Barcelona (4-0), en LaLiga su rendimiento está lejos de lo esperado. La contundencia mostrada en eliminatorias no tiene continuidad en la competición doméstica.
A 15 puntos del Real Madrid y pendiente de lo que haga el Barcelona en Montilivi, con 14 jornadas aún por disputarse, la remontada es matemáticamente posible, pero emocionalmente parece mucho más complicada. La sensación es que la Liga se ha ido escapando lejos del Metropolitano.
Señor partido de este señor. pic.twitter.com/5KqIoqvrCT
— Atlético de Madrid (@Atleti) February 12, 2026
El problema está lejos de casa
Simeone ha convertido el feudo rojiblanco en uno de los escenarios más difíciles de Europa. Hasta la pasada derrota ante el Betis, el Atlético acumulaba diez victorias consecutivas en Liga en casa y tan solo había cedido dos puntos en el empate frente al Elche a finales de agosto.
Esa fortaleza permitió sostener la pelea por los puestos de cabeza, pero el rendimiento como visitante ha marcado diferencias. En doce partidos lejos del Riyadh Air Metropolitano, el balance es insuficiente: cuatro derrotas, cinco empates y solo tres victorias a domicilio ante Girona, Getafe y Betis.
Llama la atención que esos triunfos llegaron en campos exigentes, mientras que los tropiezos en escenarios más accesibles han terminado pesando más en la clasificación.

Tres jornadas sin ganar
El último dato refuerza la tendencia: un solo punto de los últimos nueve posibles. Tres jornadas consecutivas sin victoria que han frenado cualquier intento de presión sobre el liderato.
Con la Copa del Rey como impulso y la eliminatoria de Champions League ante el Brujas como objetivo prioritario, el Atlético parece encontrar en las competiciones del KO una versión más reconocible que en la regularidad liguera.
El contraste es evidente: firme y contundente en eliminatorias, vulnerable cuando la Liga exige regularidad. Y esa diferencia es, probablemente, la que explica su temporada.