Un nuevo paso atrás. Si el Atlético de Madrid parecía haber alzado el vuelo, el pinchazo en Vigo corta esas alas. Un empate insuficiente para los intereses colchoneros, que dejaron escapar otro encuentro en el que tomaron ventaja en el marcador. ¿Por qué? La expulsión de Lenglet puede explicarlo.
Cuando el aire corría a favor de los de Simeone y el gol en propia de Starfelt dejaba en una situación inmejorable al Atleti, llegó el error. De bulto, gravísimo y, por desgracia, carente de novedoso. Una doble amarilla en el minuto 40. Una gestión de la situación impropia para un tipo de la experiencia del central francés.
En inferioridad durante una hora de juego. Pese a ello, los de Simeone sacaron un empate que es un premio al esfuerzo de un equipo que no se rindió. Pero nuevamente, por un error propio, se escapan dos puntos. Una sangría que no se pueden permitir los rojiblancos. ¿El motivo? Obvio, la cabeza de LaLiga está a 8 puntos.
No es la primera vez
Habrá quien piense que es un error puntual, un fallo grave pero que le puede pasar a cualquiera. El problema está en que no es puntual. Lenglet es, de largo, el central con mejor salida de balón en el Atlético. De ahí que Simeone haya hecho de un descarte del FC Barcelona, un jugador titular en su equipo.

Sin embargo, a sus 30 años sufre desconexiones propias de un futbolista que está en sus inicios. Y el que sufre las consecuencias es el propio Atleti. La del Celta es su segunda tarjeta roja como rojiblanco. Pero el curso pasado ya costó puntos con acciones igual de graves.
Hasta cuatro penaltis cometió la temporada pasada. De todos los colores. Manos, agarrones, pisotones, empujones… Un catálogo de meteduras de pata que fueron una losa para el Atlético. Ante el Celta, dos puntos que se escapan por su error. Un fuego amigo que hace daño como lo hizo Sorloth en Vitoria y Mallorca.