«Perdí un poco más cuando se fue Eusébio»

António Simões recordando a Eusébio
António Simões, leyenda del Benfica y de la selección portuguesa, recuerda a Somos Fútbol la amistad de más de 50 años que le unió al 'Pantera Negra', explica por qué le llamó «hermano blanco» y anima a la generación actual a honrar el legado de los 'Magriços' de 1966

António Simões es uno de los últimos supervivientes de la generación de los ‘Magriços’, el equipo que puso a Portugal en el mapa del fútbol mundial al alcanzar el tercer puesto en el Mundial de 1966. Sesenta años después, sigue considerando aquella campaña como un ejemplo de unión, compromiso y superación, pero también como una fuente de inspiración para las generaciones que hoy representan a la selección nacional.

En una entrevista exclusiva para Somos Fútbol, el exinternacional portugués recordó algunos de los momentos más memorables de aquel Mundial, reflexionó sobre la figura de Eusébio, que falleció en 2014, y se sinceró al hablar de la relación que mantuvo durante décadas con el compañero de equipo que le llamaba «hermano blanco». Entre recuerdos, emociones y reflexiones, Simões dejó además un mensaje para los actuales internacionales portugueses.

¿Quiénes eran los ‘Magriços’ y por qué se les llamaba así?

Los ‘Magriços’ eran los jugadores de la selección portuguesa que terminaron terceros en el Mundial de 1966, el mejor resultado de la historia de Portugal en una Copa del Mundo hasta ese momento. El nombre proviene de «O Magriço», un caballero portugués de la leyenda de los Doce de Inglaterra, inmortalizada por Camões en Os Lusíadas, considerada la obra más importante de la literatura portuguesa.

Al igual que ese héroe viajó a Inglaterra para defender el honor de Portugal, la selección de 1966 también se desplazó al país británico para representar a la nación lusa en el Mundial. El apodo acabó quedando para siempre asociado a la generación de Eusébio, António Simões, Coluna y compañía.

«Cuando llegamos, no había nadie esperándonos»

¿Qué recuerdos guarda de la generación de los ‘Magriços’ y del Mundial de 1966?

La pregunta hizo que António Simões se transportara inmediatamente al verano inglés de hace casi seis décadas.

«Lo que recuerdo es que, cuando llegamos a Inglaterra, prácticamente no había nadie esperándonos. Después, cuando regresamos, teníamos a todo el mundo portugués esperándonos».

Para el exinternacional portugués, la importancia de aquella selección fue mucho más allá del fútbol. En una época marcada por la dictadura y la guerra colonial, Simões cree que Portugal presentó al mundo una imagen diferente de la que se solía asociar al país.

«En una generación espontánea, con jugadores negros y blancos, con la etiqueta de un país condenado al ostracismo y marginado a causa de la dictadura y la guerra en África, tuvimos la oportunidad de mostrar otra realidad al mundo».

Según Simões, la convivencia entre jugadores de diferentes orígenes fue uno de los principales puntos fuertes de aquel equipo.

«En una generación espontánea, con jugadores negros y blancos, bajo el estigma de un país condenado al ostracismo y marginado a causa de la dictadura y la guerra en África, tuvimos la oportunidad de demostrárselo al mundo. Y había personas de diferentes colores, de diferentes continentes, que se entendían y se querían de tal manera que se creó un compromiso global de una generación sencillamente extraordinaria. Hasta ahora es mejor.».

Portugal desafió los prejuicios en Inglaterra

En un momento de la conversación, Somos Fútbol recordó un hecho poco conocido: en aquella época, la selección inglesa aún no contaba con jugadores negros. António Simões cree que la presencia de jugadores procedentes de diferentes partes del entonces Imperio portugués tuvo un impacto que traspasó los límites del fútbol.

«En aquella época no había ningún negro jugando en Inglaterra, estaba prohibido. Y aparece Portugal con negros y blancos jugando».

Para el exinternacional, la imagen que transmitió la selección portuguesa ayudó a romper prejuicios. El reconocimiento de los aficionados ingleses sigue siendo uno de los recuerdos más impactantes.

«Diría incluso que codo con codo, en un compromiso con una nación que estaba marginada. Y nosotros conseguimos que esa “alergia” se aliviara gracias al gran comportamiento de los jugadores portugueses. Nos aplaudió la nación inglesa. Lo cual es sencillamente extraordinario».

El reto lanzado a la generación actual

Aunque mira con orgullo hacia el pasado, António Simões se empeña en subrayar que su preocupación está puesta en el futuro.

Al ser preguntado por el legado de los ‘Magriços’, aprovechó para dejar un mensaje a los actuales jugadores de la selección portuguesa.

«Lo que importa es pedirles que encuentren la manera de no hacernos desaparecer del mapa, sino de situarse en un mapa aún mayor por hacerlo mejor».

Hoy solo quedan cuatro supervivientes de aquel equipo histórico: António Simões (delantero, Benfica), José Augusto (centrocampista, Benfica), José Pereira (portero, Belenenses) Hilário (defensor, Sporting CP)

Aun así, cree que la experiencia de esa generación sigue teniendo valor para los más jóvenes.

«Seguimos siendo una fuente de inspiración. Y lo único que les pedimos es que lo hagan de tal manera que sean el orgullo de los portugueses y que cada uno se sienta como un gran ciudadano al representar a Portugal».

«Eusébio era una figura universal»

Cuando la conversación derivó hacia Eusébio, António Simões cambió de tono de forma natural.

Al preguntarle por lo que el Pantera Negra significó para Portugal, comenzó por destacar la dimensión internacional de su antiguo compañero de equipo. Para ilustrar esa popularidad, recordó un episodio relacionado con Amália Rodrigues, la máxima referencia del fado portugués

«Eusébio era una figura universal. Incluso Amália Rodrigues se empeñó en conocerlo y saludarlo»

En su opinión, el impacto de Eusébio iba mucho más allá de los terrenos de juego.

«Había gente que estaba interesada en conocerlo porque era, de hecho, un fenómeno».

Pero lo que más admiraba no era solo el talento.

«Tenía la capacidad de ser simpático, de dirigirse a la gente, de firmar un autógrafo, de hacerse una foto. Recuerdo que estaba almorzando y prestaba atención a la persona que se le acercaba para pedirle un autógrafo».

«Consiguió ser una estrella y, al mismo tiempo, pertenecer al pueblo»

Somos Fútbol le preguntó entonces qué diferenciaba a Eusébio de tantas otras figuras históricas del fútbol. La respuesta fue inmediata.

«Hay dos caminos en la vida. Uno es el de la gloria, hacer cosas extraordinarias. El otro es el del pueblo».

Según António Simões, Eusébio logró recorrer ambos al mismo tiempo:

«Eusébio consiguió ser una estrella y, al mismo tiempo, pertenecer al pueblo».

Para el exinternacional portugués, esa es precisamente la gran lección que deben aprender las grandes figuras del fútbol.

«Eso es lo que se les pide a los Cristiano Ronaldo y Messi de hoy en día, entre otros».

«Perdí un poco más cuando él se fue»

El momento más emotivo de la entrevista se produjo cuando Somos Fútbol recordó que Eusébio llegó a llamarle «hermano blanco».

¿Qué significó eso para usted?

Durante unos segundos, António Simões sonrió antes de responder.

«Mira, ese granuja…»

Entre risas, acabó revelando algo que aún hoy le acompaña.

«Me levanto por la mañana y me acuerdo de él. No siempre, pero hay momentos en los que le echo de menos».

A lo largo de su vida, ha visto partir a varios antiguos compañeros.

«Siempre he sentido que cada vez que uno de mis compañeros se va, pierdo una cosita».

Pero con Eusébio fue diferente.

«De Eusébio perdí un poco más, porque éramos más cercanos».

El elogio que nunca olvidó

António Simões guarda especialmente en su memoria dos declaraciones que hizo Eusébio.

La primera fue de carácter profesional.

«Un día dijo que yo había sido el mejor jugador con el que había jugado. Imagínate que él dijera algo así».

La segunda le conmovió aún más.

«Después, cuando dijo que yo era el hermano blanco».

Aún hoy le cuesta hablar de ello sin emocionarse.

«¿Hay algo más que decir después de esto? Francamente, no.»

Los recuerdos acumulados a lo largo de más de una década siguen muy presentes.

«Fueron casi 700 partidos, 14 años juntos. La alegría, la tristeza, la gloria, la derrota, todo.»

Una amistad más allá del fútbol

Al recordar la relación que mantuvo con Eusébio, António Simões se empeña en subrayar que la complicidad entre ambos se forjó mucho más allá de los terrenos de juego.

«Nos dimos cuenta de que no éramos seres humanos perfectos y siempre fuimos muy tolerantes con los defectos del otro».

Al mismo tiempo, celebraban las virtudes.

«Siempre fuimos muy efusivos con las virtudes».

Esa complicidad acabaría reflejándose también dentro del campo.

«Había una relación de enorme complicidad que luego se traducía en lo que era nuestra conexión en el juego».

Y termina con una reflexión que resume todo lo que siente cuando habla de su antiguo compañero.

«Todo es especial cuando hablo de Eusébio».

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