Vigente campeón de la Premier League, un mercado de fichajes increíble, un equipo lleno de estrellas y un entrenador de primer nivel: ¿Qué puede salir mal?
Eso es lo que se preguntaría cualquier aficionado del Liverpool al inicio de esta temporada. A día de hoy, «Los Reds» han conseguido tan solo dos victorias en sus últimos ocho encuentros, pero, ¿a qué se debe esta bajada de rendimiento del Liverpool?

Para entender esta mala racha tenemos que tener en cuenta la mala suerte que ha tenido con las lesiones aunque no de larga duración en este último mes. Alisson, Konaté y Gravenberch (piezas clave en la defensa y en el centro del campo) y las últimas, las de Isak y Frimpong que han hecho mucho daño en el rendimiento del equipo.
El Liverpool como cualquier equipo grande tiene muchos partidos a lo largo de la temporada, lo que genera mucha acumulación de fatiga y cansancio. Según datos oficiales, el equipo ha hecho menos carreras, menos sprints y menos entradas al área rival con balón.

En verano, aunque si tuvieron muchas incorporaciones también perdieron jugadores importantes como Luis Díaz, Alexander Arnold y el fallecido Diogo Jota. Esto ha provocado que este «nuevo Liverpool» no haya conseguido adaptarse a un nuevo esquema táctico con diferentes piezas.
En defensa está concediendo mucho: Fallos de concentración y de entendimiento y errores defensivos imperdonables que los rivales no desaprovechan. Por último, los ataques menos efectivos, menos ocasiones, la bajada de nivel de Mohamed Salah y el tiempo de adaptación de las incorporaciones de Ekitike, Isak y Wirtz.
Salah ha bajado la media goleadora por cada 90 minutos de 0,63 a 0,32, menos toques de balón en el área rival y menos tiros a puerta. El equipo le encuentra cada vez menos lo que produce menos impacto ofensivo.